Prohibido leer esta entrada

Dejemos las reseñas a un lado y hagamos de esta entrada algo más personal. No voy a quejarme de que el blog está en estado de hibernación porque salta a la vista. Así que a nula inspiración, bueno es hablar sobre un poco de todo.

Mis lecturas han empezado el año muy descolocadas.

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Quería empezar fuerte y me aventuré con Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la tierra. Craso error, se me está haciendo eterno. No me queda mucho para acabarlo, pero aún así no tiene nada que ver con su el anterior. Luego he ido de libro en libro con temas que no suelo leer pero que lo hice por trabajo. También leí Lolita, la lectura escogida en El club Pickwick, que afortunadamente reseñé hace unas semanas, así que me abstengo de comentar nada más. Otra lectura destacable por su fama actual sería Cincuenta sombras de Grey. La curiosidad pudo conmigo, la culpa la tiene Nina y sus frases en Twitter que me picaron. Veredicto: no voy a leer los siguientes, para saber más, entren a mi Goodreads.

Ahora mismo, además de la lectura sin fin que comento más arriba, estoy leyendo The boy who sneaks in my bedroom window [Goodreads]. Dentro de unos meses me examinaré para el First Certificate y quiero leer mucho en inglés desde ahora hasta entonces. Tenía esta novela en el eReader desde hace unos meses y la compré porque estaba a un euro y pico, pero la verdad es que no me está gustando mucho, le falta chispa, está llena de tópicos y el estilo de la autora no es muy bueno. También estoy leyendo una novedad de este mes de febrero que saldrá reseñada en la revista Off the record de marzo. Por fin algo que me gusta, que exceptuando Lolita, puedo decir que llevo una racha algo mala.

Y hablando de Off the record quería dejar aquí plasmado que en el anterior número –el de enero- podéis encontrar tres reseñas mías: Theotocópuli bajo la sombra del Greco, de Rosa Huertas, un libro que abre una nueva visión de este gran pintor con un toque de lectura prescriptiva escolar, pero que ya me hubiera gustado a mí que me tocaran libros así; Recuerda que me quieres, de W. Davies o  las conocidas blogueras Maisha y Arsénico con un Peter Pan y una Wendy muy actuales, y Prohibido leer a Lewis Carroll, de Diego Arboleda y Raúl Sagospe, un libro que es amor y cuyo título he versionado a mi manera para inaugurar esta nueva ¿sección? Realmente no sé cómo llamarla. Quería escribir sobre un poco de todo y no he encontrado nombre para ella. Así que la llamaremos «Sin nombre» e improvisaremos un título ingenioso cada vez.

Estoy pensando que hace muchísimo tiempo que no escribo en aquella sección que bauticé como «Curioso diseño» y Prohibido leer a Lewis Carroll es el libro perfecto para volver a ella.

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«Lolita», de Vladimir Nabokov

La historia de la obsesión de Humber Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humber Humbert.

Lolita

Lolita ha sido la lectura escogida para los meses enero-febrero de El club Pickwick, y la segunda en el reto cincuenta clásicos en cinco años. Por un lado me apetecía leerla, pero por otro creía que el tema me iba a echar para atrás. Ahora estoy orgullosa de haber leído uno de los libros que más sentimientos ha despertado en mí como compasión, repugnancia o admiración.

Más o menos todos sabéis de qué trata la historia, sino el argumento lo deja entrever bastante bien. Un hombre de cuarenta años atraído por niñas preadolescentes acaba de inquilino en casa de una viuda y de su hija de doce años, Dolores, o Lolita para Humbert, puesto que para él, ella será el amor -u obsesión- de su vida. Me cuesta describir a Humbert y a Lolita de una manera objetiva, él es uno de los personajes cuya construcción sobresale del resto. Bajo la apariencia de inteligente, culto y maduro, se esconde un hombre repugnante y enfermo. No puedo describirlo de otra forma, aun así, lo que más me ha impresionado es que al final del libro llega un momento en que su manera de narrar los acontecimientos finales acaba despertando en el lector compasión porque te das cuenta de lo ridículo que es. Dolores, Dolly, Lola será un niña inmadura y malcriada, de esas que creen que lo saben todo pero que, en realidad, no tienen ni idea de nada: una preadolescente de los pies a la cabeza. La llegada de Humbert a su vida la convertirá en Lolita, que bajo su apariencia segura, para mí se convierte en una víctima. Hay quien dice que ella es tanto víctima como verdugo en esta historia, pero yo no puedo verla como verdugo, las situaciones por las que esta niña -¡solo tiene doce años!- pasa, nadie debería sufrirlas, por mucho que hubiera un momento en que Lolita se dejara deslumbrar por Humbert.

Vladimir NabokovDejando a un lado el tema, llega el momento de echar un lanza a favor de la novela y animaros a leerlo por una sencilla razón: está muy bien escrita, el manejo que tiene Vladimir Nabokov con el lenguaje es maravilloso, y si me he dado cuenta con la traducción, no me imagino cómo será en su lengua original (que no era la Vladimir, él la escribió en inglés pese a no ser su lengua natal). Además, Nabokov ha construido la historia siendo Humbert Humbert el narrador de ella y la cuenta hacia ese jurado que lo condenará: nosotros, los lectores. El autor juega con nuestra moralidad, y por ello, tiene todos mis respetos porque hay pocos que lo consigues, como él. Sin embargo, las últimas cincuenta páginas del libro acaban siendo cargantes y la narración de Humbert/Nabokov se volvió algo pesada. Necesitaba que acabara ya, porque todo lo que pasaba estaba siendo demasiado para mí.

Como podéis ver, Lolita es un libro polémico que no de deja indiferente a nadie, hay que leerlo para saber realmente por qué hay tantas opiniones distintas. La perversión, el erotismo que  enmarca sus páginas está muy presente. Hubo momentos en que me sentí atrapada por el estilo y la historia, por saber cómo iba a resolverse, pero el círculo en el que acaba metido Humbert acabó por abrumarme. Han pasado semanas desde que lo terminé y ¿me gustó? No lo sé; Lolita es uno de esos libros que solo el tiempo será el que me haga contestar esa pregunta.

«Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío; alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres paso par dar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos siempre fue Lolita.»

 

Vladimir Nabokov (1899-1977) es uno de los escritores del siglo XX con obras tan conocidas como Lolita, Ada o el ardor, Pálido fuego o Una belleza rusa. Tras huir primero de la Rusia comunista e instalarse en Alemania e Inglaterra, Nabokov abandonó la Europa de la II Guerra Mundial para vivir en Estados Unidos. A partir de 1938 escogió el inglés como lengua literaria y desde 1941 comenzó a dar clases de Literatura Comparada y Ruso en el Wellesley College, aunque también enseñó en otras universidades, como Cambridge o Cornell.